Circuito Camps: Un ex conscripto relató cómo se llevaron con vida a la beba Clara Anahí

Durante el mediodía del lunes 16 de abril, un importante testimonio se escuchó en la jornada del Juicio “Circuito Camps”. Juan Carlos Elso relató sus vivencias como ex colimba y su presencia aquel 24 de Noviembre del 76 en la casa de la calle 30, entre 55 y 56, donde un operativo conjunto de las fuerzas represivas asesinó a cinco militantes y se apropió de la beba Clara Anahí Mariani Teruggi. Cobertura del Juicio al circuito Camps - Colectivo de Trabajo.
El testimonio se realizó con el método de videoconferencia, ya que Elso está radicado en Bolivia y hasta allí viajó el Presidente del Tribunal, Carlos Rozansky; desde la ciudad de Cochabamba Elso relató sus observaciones de aquél fatídico mediodía. Juan Carlos Elso realizó el Servicio Militar Obligatorio desde Marzo del 76 hasta Abril del año siguiente en el Regimiento de Infantería N° 7 de La Plata, sito en la intersección de calles 13 y 51. Relató que a las 11:30 comenzó a observar “mucho movimiento, personal del ejército que salía armado, y se escuchaban disparos a lo lejos”; pasado el mediodía, la orden del Cabo 1° de Enfermería Bazán fue de que un grupo de conscriptos se suba a una de las camionetas con sus fusiles FAL. “Eran algunas camionetas del ejercito y otras pintadas de azul oscuro que no tenía ninguna identificación, con gente armada de civil”. Y continuó el relato: “Llegamos a las 12.30 a la casa, nos apostaron en calle 56 en la esquina de 30, había gente que entraba por casas aledañas, entraba personal militar y armado, y de civil”, comenzó pausadamente Elso a describir lo que había visto. Luego su siguiente tarea fue apostarse en la entrada de una de las casas vecinas, y le dieron la orden de “no dejar pasar a nadie”, excepto a quienes participaran del operativo, “era todo muy confuso, porque salía y entraba gente todo el tiempo, uniformados y de civil, todos armados”. Luego Elso relató que “ingresaron con unos armamentos que en el ejercito se llaman PAF”, se trata de un explosivo antitanques que se ajusta en las puntas del fusil FAL por un arma de fogueo, explota e irradia mucho calor; “una primera explosión bastante fuerte se escuchó detonar en la casa... el tiroteo continuaba, luego se escucharon dos explosiones pero más tenues, como que habían disparado desde otro lugar”. Aquel tiroteo continuó 30 minutos más, hasta que hicieron ingresar primero al “personal de explosivos” que revisaron la casa un rato hasta que finalmente entró el personal del ejercito y gente de civil. Pasado un rato, el cabo Bazán le dispuso al conscripto Elso que guardara vigilancia en la puerta de la casa que habían bombardeado. “Yo tenía curiosidad y entraba y salía para ver si veía algo, y en una de las incursiones llegué a ver en el patio del fondo, un cuerpo tirado en el piso con una camisa blanca y sangre; volví a salir” relató Elso sabiendo que servía de introducción hacia las declaraciones más comprometidas con el juicio. Y dijo: “Vi que alguien salía con un Fal colgado en el hombro, con un pequeño bulto por así decirlo...cuando vi que apareció por el patio me di cuenta que lo estaba tapando, me di cuenta que era un bebe por como lo tenía, lo cubrió con una manta de color fucsia con motivos verdes y pasaron por mi lado con el supuesto bebé y lo pusieron en una camioneta Ford que no era del ejercito, había una persona dentro de la camioneta que era el chofer, dejaron al bebe en el asiento y con otra persona más salieron con el bebe en esa camioneta”, describió detalladamente para dejar en claro qué era lo más importante de su declaración. Y añadió: “Cuando regresamos los comentarios que habían de algunos soldados era que no se explicaban como el bebe había salido ileso después de lo que había pasado. Ahí me di cuenta lo que había visto y lo relacioné... el Cabo Bazán había dicho que estaba viva, que estaba bien y él mismo se preguntaba donde la habrían puesto para que haya sobrevivido”. Describió que el hombre que se llevó la beba “era de cabello claro, ondulado, con pelo bastante largo (que le tapaba el cuello), barba de dos o tres semanas no muy larga, bastante desalineado, con jean y campera de jean... claro que a alguna fuerza pertenecía...porque había varios de ese tipo que entraban y salían de la casa con fusil del ejercito y pistolas en la cintura... También dijo que esta persona medía casi un metro ochenta, era delgado de físico y de cara. Finalmente, luego de realizar su descargo después de tantos años dijo a tono de conclusión: “quisiera agradecer a la gente que me estuvo apoyando moralmente, a mi familia, a mis hijas y pedir disculpas si alguna persona se sintió ofendida por mi relato y si algunas personas no pudieran encontrar algo más....a la señora Mariani le quiero decir que realmente es un ejemplo, todos tenemos parientes, familiares, y no quisiera que en Argentina vuelva a pasar eso de tener que andar buscando a los nietos”. Presenciando la audiencia se encontraba la señora María Isabel Chorobik de Mariani más conocida como “Chicha”, quien busca a su nieta Clara Anahí Mariani-Teruggi, en una incansable lucha contra el pacto de silencio y el encubrimiento de los militares. Aquel mediodía del 24 de Noviembre se desplegaron más de 200 integrantes de las fuerzas de seguridad y mataron a cinco personas: Diana Teruggi, Daniel Eduardo Mendiburu Elicabe, Juan Carlos Peiris, Roberto Cesar Porfidio y Alberto Bossio, todos compañeros de militancia. La pareja de Diana y padre de Clara Anahí, Daniel Mariani no se encontraba en la casa. En la residencia de esta familia funcionaba una imprenta clandestina que quedó destruida y hoy es un monumento a la Memoria. Daniel también fue asesinado en La Plata el 1º de agosto de 1977. “Chicha”, fue fundadora y presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, institución a la que dejó de pertenecer en 1989. Es la fundadora de la Asociación Anahí, dedicada a promover, preservar y defender los Derechos Humanos. Desde 1976 Chicha no ha dejado de buscar incansablemente a su nieta. A la salida de la audiencia, Chica dijo que “es un día inolvidable, que he esperado durante tantos años; que alguien dijera la verdad, que alguien dijera que vio sacar a la bebé viva y que todas las patrañas que se inventaron hasta ahora son solo patrañas”. En relación Juan Carlos Celso dijo que “la nena está, se lo debo a este muchacho que de tan lejos ha hecho esta magnífica obra”. Nacida en 1927, Chicha Mariani fue una reconocida profesora de Bellas Artes. Luego de la audiencia en la cual Elso dijo haber visto a su nieta viva, agregó: “Lo que me queda de vida no me va a alcanzar para agradecer a esta gente, que venciendo los miedos, que es lógico que los tengan, me han ayudado en este momento tan crucial; era solo decir la verdad, ojala todos digan la verdad ahora y ayuden a sanar estas almas sufrientes que hemos tenido que sobrevivir a tanto dolor... esto me da fuerzas, tira por tierra toda la mentira de los represores, incluso Etchecolatz que dijo estos días pasados que la nena había muerto calcinada, vamos a ver qué dice ahora ante un testimonio tan veraz”. Cobertura del juicio "Circuito Camps"
Cobertura del Colectivo de Trabajo, Facultad de Periodismo y Comunicación Social - UNLP.

Circuito Camps: la increíble historia de Ana, su hermana y la crianza de sus abuelas

Se realizó el martes 10 de Abril la 29° audiencia del juicio que se lleva a cabo contra 25 represores que formaron parte del conocido “Circuito Camps”, una red de centros clandestinos adonde los presos eran sistemáticamente trasladados y torturados. Ana Laura Mercader relató cómo vivió desde los 2 años con su hermana menor, cuando secuestraron a sus padres. Primero se observó y escuchó el testimonio por videoconferencia de un ex detenido desaparecido: Jorge Rolando. Luego María Teresa Garín relató el secuestro y el asesinato de su hermano, su hermana y su cuñado, y un presunto bebé que nunca apareció. El testimonio fuerte de la tarde fue el de Ana Laura Mercader, hija de desaparecidos, que relató tensa pero claramente el secuestro de sus padres, y la búsqueda y crianza de sus abuelas. Por último Mirta Gonzalez relató la detención de su hermana y cuñado, y sus complicaciones
psicológicas a raíz de la ausencia. La audiencia comenzó con una videoconferencia en contacto con el Tribunal Oral Federal de Usuahía, desde aquella provincia se escuchó el testimonio en vivo de Jorge Alberto Rolando, que reside allí hace 20 años. Rolando relató detalles y generalidades de sus 45 días de cautiverio por el “microcircuito” que todo el juicio ha demostrado: el traslado de detenidos en la Brigada de Investigaciones de La Plata (BILP), el Pozo de Arana (el “infierno” según varios testimonios), y finalmente la Comisaría Quinta. Este mismo fue el trayecto que recorrió Rolando luego de ser detenido aquel sábado 18 de Diciembre de 1976. “Iba en bicicleta por calles 54 y 22 de La Plata, y cuando la apoyo en el cordón, se acerca un Torino negro y de allí se bajan 4 personas de manera muy violenta, y me meten al auto”, relató. El hombre trabajaba en aquel momento de cobranza de una empresa editorial. Fue llevado tabicado de ojos y atado de manos a la BILP, y allí fue interrogado a los golpes sobre su supuesta participación política: “no tenía ninguna”, afirmaba Rolando frente a las cámaras del Tribunal. Luego escuchó que otras dos personas habían sido detenidas en la misma zona, en bicicleta y que tenían barba como él, así que sospecha que estaban buscando a otra persona, y por error, se lo llevaron a él. A la hora fue trasladado al Pozo de Arana: “un lugar donde se escuchaban los animales y cada tanto se oía el paso de un tren”, recordó. Al tercer día hubo un hecho que endureció la estadía allí: un hombre yacía inconciente por la tortura y parecía muerto, pero un día se recuperó, le pegó un botelllazo a un guardia y se escapó con su arma; luego de una fuerte balacera, supusieron que lo habían matado. A partir de esto se endureció la manera en que eran atados de manos en la espalda, tabicados en los ojos fuertemente, los llevaron a un calabozo de 1 X 3 metros con Federico Bachini y Guillermo Arequistán y seis personas más durante dos días sin tomar nada, ni comer, ni ir al baño. En el Pozo de Arana vio a Mónica Santucho, la nena de 12 años, y observó que “varias veces la llevaban a la sala de tortura”. “Supe de gente que murió en la tortura”. Fue trasladado a la Comisaría Quinta el último día de diciembre del 2012. Los metieron en una celda más grande pero con un “calor sofocante, debería hacer 50 grados”, describió que “todas las paredes estaban mojadas y se hacían charcos en el piso, por la transpiración”, además había “un olor nauseabundo”, una puerta de chapa y una cruz pequeña. Eran 26 personas que de a poco se iban presentando y conociendo. Relató que una mañana comenzaron a golpear todos juntos la puerta, desesperados, hasta que los dejaron ir a ducharse en grupo. Los interrogatorios con tortura de la Comisaría Quinta se realizaban en la pieza más cercana a la vereda de la Diagonal 74.“Desde la parrilla, que era una cama dada vuelta donde en los pies de la misma eran atados las extremidades de la víctima, se observaba la gente caminando por la vereda”. También relató que cuando picaneaban ponían la radio a todo volumen, por eso “teníamos noción del tiempo y algunas cosas que pasaban, sobretodo fútbol”. Además de la picana eléctrica, les realizaban el “submarino”, en el cual les metían la cabeza en agua largamente hasta el último segundo de vida, y el “teléfono”, es decir, golpes en ambos oídos a la vez, con las manos ahuecadas, y también muchos golpes de distintas maneras. A Rolando nunca lo torturaron, sí lo han atado a la “parrilla” para hacer un simulacro de tortura, y le han realizado interrogatorios extensísimos donde sabían particularidades de su vida, que hasta llegaba a ser ridículo. El 3 de Febrero de 1977 lo llevan a dar unas cuantas vueltas en un auto, y lo liberan en calle 16 entre 50 y 51, allí abrió los ojos y llegó a ver cómo se alejaba un auto marca Opel de color celeste casi gris. Ante las preguntas de las querellas explicó que en Arana las guardias consitían en tres: “una tranquila”, una intermedia, y otra “terriblemente sádica”, estos eran “la patota”; las guardias cambiaban cada 24 horas. Recordó que uno de sus captores aquel día de Diciembre, y que despúes siguió viendo en Arana y en la Comisaría era un tipo robusto, de poca frente, que le decían “el santiagueño”. “En otro momento recordaba bien las caras de quienes me secuestraron, pero pasaron tantos años que ya no”; y añadió: “durante los testimonios que di en la década del 80, me mostraban las fichas de policías con fotos, pero eran sacadas cuando recién ingresaban en la Fuerza, es decir a los 18, 20 años, y cuando a mi me secuestraron tenían alrededor de 50 o 60. Asesinaron a su hermano, su hermana, su cuñado y nunca se supó qué sucedió con un embarazo “En mi familia hay tres personas que fueron desaparecidas y hay un presunto bebé robado”, comenzó relatando María Teresa Garín. Su hermana, María Angélica Garín fue asesinada y finalmente restaurados sus restos de una fosa clandestina en el cementerio de Avellaneda, en 1990. En Avellaneda había 19 fosas clandestinas y más de 300 cuerpos mayormente de jóvenes con balazos en el cráneo. En el cuerpo de ella se notaba que había estado embarazada, pero sin embargo “nunca supimos si tuvo el hijo o no”. María Angélica era médica pediatra, y trabajaba en el Hospital San Ramón de Quilmes de donde fue secuestrada en un importantísimo operativo donde rodearon todo el hospital y cortaron la calle, “solamente para llevarse a mi hermana”. Una hora despúes, en La Plata, su marido Ruben Mario de Angeli, cardiólogo, también fue llevado y torturado. Mismo destino para María Angélica que estuvo en Bilp, en Arana, en Comisaría Quinta, y en Pozo de Banfield, lugares que compartió con Adriana Calvo y fue ella quien le dio esta información a María Teresa Garín, que ahora esta testimoniando en el juicio, por su hermana, cuñado y su hermano Arturo Martín Garín. Su hermano Arturo fue detenido tiempo antes, en el año 76, trabajaba en una propulsora siderúrgica de Techint en Ensenada, y era “activo en el gremio”, según cuenta su única hermana que sobrevivió a los años de plomo, “estuvo en un conflicto contra la patronal y la burocracia sindical”, y agregó que “creo que toda la comisión interna de delegados está desaparecida”. Arturo, según le relataron, estuvo detenido en “El pozo de Azopardo”, relató María. El Centro de detención, tortura y exterminio “Garage Azopardo” funcionó en la ciudad de Buenos Aires, en la manzana delimitada por Azopardo, Chile, Ingeniero Huergo y México entre octubre de 1976 y enero de 1977 en dependencias de la Policía Federal. Formó parte del circuito represivo Azopardo-Atlético-Banco-Vesubio-Olimpo, bajo la órbita de Primer Cuerpo de Ejército. Allí funcionaba el servicio de Mantenimiento de Automotores de la Superintendencia de Seguridad Federal. La familia realizó distintos tramites para averiguar el paradero de los dos hijos de la familia: primero realizaron una denuncia en la Comisaría Quinta, también hicieron Habeas Corpus, telegramas al presidente y a las autoridades eclesiásticas: sus padres se entrevistaron con el entonces Monseñor Graselli, conocido por su fichero de desaparecidos; allí buscó a los hermanos y ya no figuraban: “o había pasado lo peor o estarían colaborando”, remató Garín. “Que no tengan privilegios, porque nosotras no tuvimos ningun privilegio en todos estos años de ausencia” Fue a las siete de la mañana del 10 de Febrero de 1977. Ana Laura Mercader tenía dos años y medio cuando una patota de 20 personas llegó a su casa: “diez se fueron para el techo y diez ingresaron a la casa”, allí se encontraba su madre Anahí Silvia Fernández de Mercader, y su hermanita de 4 meses. Buscaban al padre, Mario Miguel Mercader, quien se había ido a trabajar una hora antes. Padre y madre tenían sólo 22 años. “Rompieron y tiraron todo”, relató la mujer, y contó que hasta la interrogaron a ella para averiguar el paradero de su padre. La patota decidió quedarse en la casa hasta que llegue el hombre y durante esas horas también mantuvieron de rehén a la chica de 17 años que las cuidaba. Al llegar el hombre, junto a un amigo, la madre Anahí pegó un grito de advertencia y este quiso escapar pero fue disparado en la pierna y secuestrado. Según “Mary” la chica que las cuidaba, en un momento llegó Ramón Camps quien decidió llevarse detenida también a su madre Anahí. “¿Y con las nenas que hacemos?”, preguntaron; “regálenlas”, remató Camps. “Nuestra vida cambió”, silencio de 5 segundos. “Cambió: dejamos de tener la vida que teníamos, y tuvimos otra vida, que no era la que nos correspondía, pero que era la vida que mejor nos podría haber tocado… después de la desaparición…” intentó explicar Ana Laura con un gran nudo en la garganta, y recordando cómo pasó su niñez. Ella, con sus dos años, y su hermanita bebé fueron criadas por sus abuelas. Elba Laera de Fernández, la madre de Anahí, y Nélida Meyer, la de Mario. Una se organizó en Madres de Plaza de Mayo; ambas presentaron Habeas Corpus, hicieron trámites en la Conadep, Ministerio del Interior, Arzobispado de Buenos Aires… y recorrieron muchísimos neuropsiquiátricos, “porque a una de mis abuelas, entre las falsas noticias que recibía de ellos, había una Monja que la llamaba por teléfono y que constantemente le decía que mi mamá estaba viva pero en un neuropsiquiátrico, y que cuando se recuperara iba a salir”. Y prosigue Ana Laura Mercader con una pausa y una claridad imposible para quienes nunca conocieron esta tremenda historia. Una de las abuelas, siendo nutricionista del Hospital Naval, tenía una paciente que era madre de un represor, se juntaron con este primeramente en un bar donde el hombre fue con su custodia secreta: “el tipo le cuenta que manejaba ciertas tarjetas, que una decía que Mario estaba muerto, y otra tarjeta que decía que Anahí estaba viva”, otro día le confesó que “transportaba gente secuestrada en aviones”, también le hizo un regalo por el día de la madre, y la invitó a ir al cine; eso no fue todo: más adelante le ofreció “que ella fuera a vivir con él a Chubut, y con la nena… evidentemente no registraba que las nenas eramos dos”, remarcó Ana Laura recordando las insólitas propuestas y declaraciones de este ex militar. A pesar de distintos rumores, y notas de diarios que decían que la pareja había sido asesinada, pudieron hablar con ex detenidos quienes les contaban que Anahí y Mario estaban vivos, que los habían visto en Arana y en Comisaría Quinta. Sin embargo, todas las gestiones que hicieron las dos abuelas fueron negativas, incluso Monseñor Plaza, en una entrevista por el tema, invitó a una de las señoras a pasar la noche con él. “Estos años fueron muy dificiles, la desaparición genera una incertidumbre insoportable, el hecho de no saber qué pasó genera muchos daños psicológicos… de chica me descompensaba porque tenía espasmos de sollozos, lloraba tanto hasta que me desmayaba; en el colegio algunos padres no querían que sus hijos se junten con nosotras”, contó Ana Laura sobre su dura infancia. En el 2009, “algunos meses después que nació mi hijo menor”, el Cuerpo de Antropología Forense reconoció y restituyó los restos de Anahí y de Mario, “no nos esperábamos esta noticia, fue muy fuerte… no podíamos con nuestra propia humanidad”, intentó describir Ana Laura. Ambos habían sido fusilados. Ese mismo año ambas abuelas fallecieron. “Los crímenes de lesa humanidad no prescriben, hasta que no aparezca el último de los desaparecidos, ellos seguirán cometiendo crímenes de lesa humanidad … Queremos que vayan a la cárcel, a prisiones comunes, sin privilegios, porque nosotros no tuvimos ningún privilegio durante todos estos años”. Depresión y psicósis hasta poder investigar sobre la desaparición de su hermana Después le llegó el turno a Mirta Graciela Gonzalez. Familia de la Provincia de Tierra del Fuego, su hermana Silvia se puso de novia con Juan Carlos Mora, en la misma ciudad de Río Grande, donde ellos militaban; Mirta no participaba, tenía 15 años en ese momento. Meses después del golpe de estado, la pareja decide casarse e irse a vivir a una pensión en La Plata. Silvia estaba terminando el secundario, tenía apenas 18 años; él había empezado a estudiar medicina; todos sus sueños se truncaron cuando durante ese mismo año fueron secuestrados y asesinados, luego de pasar por el “microcircuito platense” que componen la BILP, Arana y la Quinta. Existe la versión de que Mirta estuvo embarazada después de ingresar secuestrada a los distintos centros clandestinos. “Recién durante el 2003, con una feroz depresión y con síntomas de psicosis, pude venir a La Plata y comprometerme con la desaparición de mi hermana”, comenzó a desahogar Mirta; “fui reprimida por mis padres”, agregó en el sentido de que del tema de su hermana no se hablaba en la familia. Incluso agregó que “todos los trámites para buscarlos los hizo la familia Mora”. Dio sangre en el 2003, estando todavía con tratamiento psicológico “por no poder enfrentarme con mi madre”. Hasta que finalmente en el 2009 los restos de Silvia fueron restituidos por el EAAF, “la fusilaron en el 77, me dijeron”, acotó. Los cuerpos estaban en fosas clandestinas del Cementerio de Avellaneda, con cinco disparos. Cobertura realizada por el equipo de estudiantes de la facultad de Periodismo y Comunicación Social. Colectivo
de Trabajo Periodismo Cauce

DIFUNDIMOS COMUNICADO JUSTICIA YA. La Plata.



A 66 meses de la desaparición de Jorge Julio López

El próximo 18 de marzo se cumplen 66 meses de la segunda desaparición forzada de Jorge Julio López. Desde JY La Plata una vez más debemos denunciar que a la inacción que padece la causa, a la parálisis judicial y política en la búsqueda del compañero y en el esclarecimiento total del secuestro, se le suma la sustanciación de una escandalosa causa, por la que en estos días se están tomando declaraciones, contra jueces y querellantes en el juicio al genocida Etchecolatz en cuyo marco desapareciera el compañero.

La denuncia fue hecha por los abogados patrocinantes de la familia de López, Gascón Cotti y Wortman Jofré, quienes presentaron una demanda penal para que se investigase a todas las personas de su entorno social, personas vinculadas a los organismos de DDHH, compañeros, jueces y fiscales como responsables de la desaparición por no haberle brindado protección en el juicio. La denuncia incluso sostenía que “López jamás militó en ninguna agrupación subversiva, ni ninguna banda de delincuentes, y su concurrencia a una unidad básica de Los Hornos estuvo vinculada a actividades comunitarias”.

TODOS SOMOS TESTIGOS DE LA IMPUNIDAD

La causa judicial es una muestra clara de la falta de voluntad política de esclarecer la desaparición de López, una prueba descarnada de las maniobras de impunidad y de encubrimiento de las que son capaces jueces y fiscales subordinados al poder político o a las fuerzas represivas.

Acusamos al Procurador General de la Nación, Esteban Righi, de no instruir a los fiscales para investigar a la principal sospechosa: la bonaerense.

Acusamos a los fiscales Marcelo Martini, Sergio Franco y Marcelo Molina de desviar las líneas de investigación hacia un punto muerto.

Acusamos a los jueces Arnaldo Corazza y Manuel Blanco por dejar caer la causa.

Acusamos a la Corte Suprema de la Nación por inacción.

A 66 meses de su secuestro y desaparición no existen imputados, ni líneas firmes de investigación. El Estado ha avalado el ocultamiento de información, la frustración de pruebas, el abandono de líneas de investigación, ya que ninguno de los funcionarios responsables de estas graves irregularidades ha recibido sanción alguna de parte del gobierno nacional o provincial.

Ha sido y es, precisamente, la persistente impunidad del secuestro y desaparición de Julio la que fomenta que las amenazas a los testigos, los abogados y a los militantes

vinculados a los juicios a los genocidas continúen y se agraven, transformándose en agresiones, secuestros y asesinatos.

Julio López fue un militante, un luchador en los ’70. Julio sufrió durante más de 20 años lo mismo que muchos, muchísimos, sobrevivientes: el silencio obligado por oídos que se negaban a escuchar. Julio, a sus setenta y pico, volvió a ser un militante, un luchador, le dijo basta al mutismo y decidió enfrentar a sus torturadores. Y lo hizo buceando en su memoria, recuperando su historia al compartirla con otros sobrevivientes, recorriendo con ellos metro a metro cada lugar de detención, hora a hora cada día de cautiverio. Lo hizo conectándose con las familias de sus compañeros de prisión, participando de actos por la justicia y también, denunciando a sus verdugos ante los estrados judiciales. Con gusto, con orgullo, repetimos una vez más todo lo que sabemos de Julio, no nos cuesta recordar qué hacía, en qué andaba, con quiénes, porque, paradójicamente, su ausencia significa, al menos para nosotros, una presencia permanente.

Una vez más la Justicia revictimiza a sobrevivientes y militantes de los Org. de DDHH, una vez más gira su mirada erradamente, por eso decimos basta ya! Acusamos de no cuidar a Julio ni a los miles de testigos ni a los centenares de miles de luchadores populares que también tomaron en sus manos esta pelea contra la impunidad de los genocidas, al gobierno nacional y al gobierno provincial por no haber separado de las fuerzas armadas, de seguridad y de Inteligencia a los torturadores y por no haber desarmado la red de complicidades que abarca a muchos más.

Exigimos a los poderes judicial, ejecutivo y legislativo que impulsen de manera concreta la investigación de los culpables del secuestro y desaparición de Jorge Julio López.


(foto de Gabriela B. Hernandez.)

Continúa el juicio a los genocidas del “Circuito Camps”


Continúa el juicio a los genocidas del “Circuito Camps”

En una semana que comenzó con la noticia de la muerte del genocida Rubén Oscar Páez y en la que estaban citados Jorge Rafael Videla y Santiago Omar Riveros como testigos de la defensa de Smart, tuvimos que soportar los "berrinches" de Etchecolatz. Más allá de todo esto la contundencia de los testimonios reafirma que lo importante del debate siguen siendo las/os sobrevivientes y sus familiares:

El día lunes declararon Angélica Raquel Moreira, Gustavo Escofet, Alejandra Santucho, Manuel Pedreira Y Carmen Leda Barreiro De Muñoz y el martes Teresita Lucía Cassino, María Olga Bustamante, Daniel Zerillo, Martín Trincheri, Hugo Pablo Marini Y Graciela Liliana Marcioni. Fue una constante de la semana, la presencia en los testimonios de la compañera Adriana Calvo en la organización y en la construcción colectiva del relato de los sobrevivientes.

Importantes testimonios dieron cuenta esta semana de la persecución de luchadoras/es universitarias/os, territoriales, docentes y arquitectos entre otros. Hubo algunos relatos especialmente conmovedores como el de Leda Barreiro quien presenció cómo su hijo de 9 años – “único de su familia que no fue desaparecido”- soportó la tortura sin decir una palabra y así preservó a sus hermanos mayores.

Alejandra Santucho -cuyos padres y su hermana Mónica de 14 años fueron asesinados- nos habló de la militancia de ellas/os en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y en Montoneros. Sabemos que la historia de su apellido le valió a su pequeña hermana un particular ensañamiento. La misma Graciela Marcioni relató haber visto rayado en la pared de una celda de la comisaría quinta la frase “Acá hay que aguantar lo inaguantable” firmada por Mónica Santucho.

Tanto Alejandra de 10 años, como su hermano que era un bebé, quedaron después del operativo en que asesinaron a sus padres y secuestraron a su hermana Mónica, en lo de una vecina y ya habían sido identificados por el ejército. Antes de ser capturadas/os, fueron rescatados heroicamente de esa casa por compañeras/os de sus padres (que se disfrazaron de heladeros para ubicarlos y organizaron un rescate el día antes de la fecha en la que se suponía se iba a producir su captura) “yo pienso que me salvaron la vida, el lunes me hubieran asesinado a mí y mi hermano, seria un nieto mas al que buscarían las abuelas”.

Luego de un testimonio estremecedor en toda su extensión y ante la reivindicación de la lucha y la militancia de sus padres, la testigo tuvo que soportar la nueva intromisión de Etchecolatz, quien fue llamado por el público a callarse y a sentarse.

El último testigo del lunes fue Manuel Enrique Pedreida, quien fue interrumpido por los gritos de Etchecolatz desde la sala contigua al escenario “Soy Comisarío Mayor y me tienen que respetar” se escuchaba desde la sala de audiencias.

El Día martes escuchamos los testimonios de Teresita Cassino y Hugo Marini quienes dieron cuenta de la lucha del grupo de militantes de Chacabuco. Teresita nos hablo de su hermano Jose Cassino, quien era estudiante de medicina y presidente del centro de estudiantes de Chacabuco en La Plata y de su cuñada Clarisa García. También relato la búsqueda y la lucha de las/os familiares de desaparecidas/os en Chacabuco, en donde se publico en plena dictadura cívico-militar una revista denunciando las desapariciones.

Hugo Marini en una demostración impresionante del ejercicio militante de la memoria, repasó los nombres y apellidos de 53 compañeros y compañeras, con quienes estuvo en cautiverio en Arana y en la Comisaria Quinta de La Plata; dando detalles de sus vidas, de su militancia y de sus recorridos.

Graciela Marcioni fue la última en declarar. Esta fue la sexta vez que tuvo que prestar declaración y dijo al respecto, “declaro por respeto a los que ya no están” y reclamó que se articulen mecanismos para que quienes, como ella, vienen declarando una y otra vez puedan atestiguar sólo una síntesis, que se recuperen sus anteriores testimonios y se les evite revivir el horror. Al igual que Hugo Marini, repasó meticulosamente a todas las compañeras y compañeros con las/os que compartió cautiverio.

Por estas razones te invitamos a seguir presenciando las audiencias los días lunes y los martes en el edificio de la ex amia, para seguir escuchando a lxs compañerxs sobrevivientes y familiares, únicos y verdaderos artífices de estos juicios, porque fueron lxs únicxs que lucharon contra la impunidad desde el primer día y porque como Adriana dieron la vida para reconstruir el relato de quienes como nosotros sueñan y soñaron con un mundo sin opresores y sin oprimidos.


Colectivo de Abogadxs Populares La Ciega (COB La Brecha)

Este lunes 5/3 se reinicia, el Juicio a Genocidas del Circuito Camps:


Esta semana comienzan las audiencias con algunas novedades que por la desidia y la complicidad son moneda corriente.

Demasiados años pasaron para que estas causas lleguen a juicio.

Luego de la anulación de las leyes de de obediencia debida y punto final, comenzaron a realizarse algunos juicios “paradigmáticos” que no incluyeron ni todos los casos, ni todos los centros clandestinos y que reproducen la impunidad para cientos de genocidas que este ritmo de juzgamiento morirán impunes.

Esta semana falleció uno de los imputados que actualmente estaba siendo juzgado en el juicio a los genocidas del Circuito Camps, hablamos del ex comisario Rubén Oscar Páez quien fuera uno de los jefes del centro clandestino de detención que funcionó en la Brigada de investigaciones de La Plata y que estaba acusado de más de 100 casos de privaciones ilegales de la libertad y torturas.

Las continuas dilaciones que se produjeron en la instrucción, hacen un genocida más, muera impune.

En la misma semana que la Cámara de Casación Penal después de 6 años de juicios, dictó una serie de reglas mínimas a aplicarse para intentar acelerar estos procesos, tenemos un lamentable ejemplo de lo que la mora judicial produce. Páez murió sin responder por las desapariciones y torturas de cientos de compañeros.

Por si esto fuera poco, esta semana están citados como testigos de la defensas de Jaime Lamont Smart y de Ibérico Sain Jean, Jorge Rafael Videla y Santiago Omar Riveros (sí leyeron bien, como testigos).

Videla ya fue condenado en la causa 13/84, por muchos de los casos que acá se están juzgando. Pero por otros cientos de casos debería estar imputado.

Resulta un insulto a las víctimas que estos personajes vengan a declarar como si fueran dos testigos más, cuando su responsabilidad penal en cientos de casos es tan escandalosamente visible. Así lo plantearemos en la audiencia.

Sus presencias en este debate oral y en esta condición, parecen responder más a lo mediático que a la obtención de la verdad o al castigo de los responsables.

Así es que si el Tribunal permite sus testimonios, tendremos que lidiar con sus arengas y reivindicaciones.

Por estas razones y porque además declararán familiares y sobrevivientes, que son los únicos indispensables en estas causas, es que te invitamos a presenciar las audiencias. Para repudiar la presencia como testigos de Videla y Riveros, para poner de manifiesto la mora judicial que hizo que Páez muera impune, pero sobre todo para escuchar únicos testimonios que son verdaderamente valiosos.

Lunes desde las 12 horas y martes desde las 10 hs en el ex teatro de la Amia, ubicada en 4 entre 51 y 53, con tu DNI podés ingresar a las audiencias.

testimonios:


Lunes 5/3

MOREIRA, Angélica Raquel (sobreviviente- 1 y 60 BILP- diciembre 1976)

ESCOFET, Gustavo (sobreviviente- 1 y 60 BILP- diciembre 1976)

SANTUCHO, Alejandra (familiar- Arana Com 5ta- diciembre 1976)

PEDREIRA, Manuel (familiar- BILP- febrero 1977)

BARREIRO de MUÑOZ, Carmen Leda (familiar- Com 5ta- diciembre 1976)

Martes 6/3

CASSINO, Teresita Lucía (familiar-Com 5ta-enero 1977)

BUSTAMANTE, María Olga (familiar- Arana Comisaría 5ta- enero 1977)

ZERILLO, Daniel (sobreviviente- Arana- diciembre 1976) caso Sobral

MARCIONI, Graciela Liliana (víctima- Arana BILP Com 5ta- enero 1977)

TRINCHERI, Martín


Colectivo de Abogadxs Populares La Ciega (COB La Brecha)

Crónicas del juicio “Circuito Camps” - Las audiencias proseguirán el 5 de marzo


El lunes 13 la audiencia comenzó con el testimonio de Clara Teresa Bacchini, quien se autodefinio como testigo presencial sin memoria, ya que cuando secuestran a su papá, el 25 de noviembre de 1976, Héctor Federico Baccini, ella tenía dos meses.

Clara nos relató lo que pudo ir reconstruyendo de como era su padre antes y después de su secuestro, por lo que le contaron quienes estuvieron con él en Comisaria 5, la búsqueda de estos 34 años y lo que significó vivir con esa “mutilación” de esa parte suya que era él. Hablo de “mutilación” y nos resulta imprescindible transcribir sus palabras “(...)decidieron mutilarme...pensaba en la palabra mutilación para decir que significo crecer sin mi padrecomo tantos hijos pero a mi me toco que cambie violentamente el rumbo de mi vida.. cuando decimos que una bomba le saca un brazo a una persona no le amputan sino le mutilan porque le sacanviolentamente algo a esa persona ...eso hicieron conmigo (...)”.

También, mencionó lo que significó encontrar los restos en el 2010 y poder decir que su padre fue desaparecido durante 34 años, reencontrado, secuestrado, privado ilegítimamente de su libertad y asesinado, resaltando que fue unplan de exterminio de los proyectos de vida, pero que “no nos han vencido”.

Luego, MercedesBacchini, la hermana de Federico, se refirió a la búsqueda y a las amenazas que eĺ sufrió por parte de Monseñor Plaza meses antes.(Ya que Baccini había pedido retirarse del sacerdocio. De hecho nunca se le concedió el pedido).

Perla Diez continuó en la audiencia contándonos como era Marlenne Kegler Krug, militante del ERP,quien había venido a estudiar obstetricia desde Paraguay. Relató que cuando la conoció teniendo 14 años se juntaba a leer libros del Che en plena dictadura de Stroessner, pasando la frontera cargada delibros para venirse a La Plata.

Habló de como la recordaban sus compañeros y compañera en elCentro Clandestino de Detención Arana “ (…) absolutamente incorruptible, digna, fue una de laspersonas mas torturadas. De acuerdo, al relato de Nilda Eloy llego a ser crucificada y sin embargo, se la recordaba cantando la pájara pinta y en guarani...los compañeros recuerdan su frase yo con el enemigo no hablo (…). Subrayó que Marlenne encarna “lo mejor de las luchas de los pueblos”. Porúltimo, pidió al Tribunal que quienes sean condenados por delitos de lesa humanidad lo sean en cárcel común.

Avanzada la tarde, amplio nuevamente su declaración indagatoria el imputado Cozzani, que con todo su cinismo reconoció haber estado en el operativo de la calle 30, como así también reconoció un pacto de silencio e impunidad del que – “luego de mucho pensarlo en enero” - dijo ya no formar parte, para inmediatamente jugar al misterio con otro coimputado que según él estuvo en el operativo de calle 30

Luego declaró Roberto Manuel Ciaffardo, quien fue médico de la Policia de la Provincia de Buenos Aires en el ultimo genocidio, relato el procedimiento que realizaban y el aumento de cadáveres NN con heridas de bala en esa época.

El día martes 14 arrancó con el testimonio de Elena Rodas, hija de Norberto Rodas Valenzuela, quien fue secuestrado de su casa el 31 de octubre de 1976. Contó que ella con 10 años se quiso resistir y le apuntaron con un arma. Esa misma noche, fueron secuestrados en su barrio García Cano y Guzman. Menciono que presentaron con su familia habeas corpus sin obtener ningún dato sobre Norberto, quien continua desaparecido.

Continuo Marta Abachián, hermana de Juan Carlos Abachian, oriundo de Mar del Plata y estudiante de derecho. A Juan Carlos lo secuestran saliendo de su trabajo el 27 de diciembre de 1976. Ya en el mes de septiembre, allanan, destruyen y roban la casa de su familia en Mar del Plata. Según el relato que pudieron hacer luego por quienes estuvieron con él detenido, Juan Carlos estuvo en Comisaria Quinta y en La Cacha, durante esos momentos fué llevado a Mar del Plata y luego regresado al CCD. Nos relato que su hermano militaba en la Juventud Peronista, haciendo trabajo barrial.

En tercer lugar, estuvo Carlos Alberto Girard, quien contó el secuestro de su compañera por aquel entonces, Cecilia Idiarte, el dia 15 de diciembre de 1976 en su casa en 13 y 83. Nos relato que Cecilia estuvo en la Brigada de Investigaciones de La Plata, se contacto con su familia y Carlos decidió presentarse en la Brigada a cambio de que la liberen. Cuando fue a presentarse, logró ver una discusión de Echecolatz con su madrea quien le decía que Carlos debió presentarse antes. Esta violenta situación le generó tal inseguridad que se presentó en el Regimiento 7, donde estuvo secuestrado y posteriormente preso durante 5 años. Cecilia es uno de los casos en donde se condeno por homicidio en el Juicio Von Wernich.

Seguidamente, tuvimos el testimonio de Cesar Mora, hermano de Juan Carlos Mora y cuñado de Silvia Gonzalez de Mora. Juan Carlos tenia 20 años y era estudiante de medicina, se había acercado a la JUP y Silvia tenia 18 años y estaba embarazada. Se vinieron a estudiar desde Rio Negro. Los secuestran el 1 de diciembre de 1976 y Cesar se entera por la encargada de la pensión en donde vivían del operativo. Supo por dos sobrevivientes, que Silvia y Juan Carlos estuvieron en CCD Arana y Comisaria Quinta, posteriormente el cuerpo de Silvia fué encontrado en el Cementerio de Avellaneda y el de Juan Carlos en el de San Martín. Relato las innumerables gestiones que realizo su familia para saber de ellos, entre ellas una presentación ante la secretaria privada del gobernador Saint Jean, que derivo en una causa penal ( algo llamativo en ese entonces). Acompaño documentación para la causa. El hijo de ellos aún no fue hallado.

También declaró José Miguel Lanzilotta, amigo y compañero de trabajo de Guillermo Sobral y Pacifico Diaz. Los tres eran profesores de la Facultad de Arquitectura y tenían militancia peronista. Nos relato su exilio y lo que pudo enterarse de cuando los secuestran a Guillermo Sobral con su compañera Elsa Sisero, quien estaba embarazada de pocos meses, Pacifico Diaz, Daniel Cerillo y Eduardo Quievani, estos últimos relatan que fueron llevados a Arana y Guillermo, Elsa y Pacifico continúan desaparecidos.

Terminó el día con el testimonio de José Ignacio Perello, vecino de Arana hace mas de 35 años. Su familia tenía un almacén de ramos generales a 50 metros del Destacamento de Arana. Relató que se escuchaban tiros, gritos y música fuerte durante todo el día, pero sobre todo de noche, así como también el ingreso y salida de vehículos constantemente.

Mencionó que cuando su padre abría el almacén iba gente del Destacamento fuertemente armada a tomar whisky y que en oportunidad estaban disfrazados (“los muchachos” solían disfrazarse ahí). La imagen fue clara, grupos de tarea preparados para los operativos de secuestro.

Menciono el olor a quemado y los comentarios del barrio de lo que pasaba ahí. Conto que el terror hizo que su familia quisiera cerrar el lugar y mudarse. (Contó además que en una oportunidad hubo un gran tire gente que había ido a reclamar por las personas que tenían detenida ahí y gente del interior del destacamento).roteo por el cual se fueron un tiempo a vivir al campo. Por los dichos de los vecinos habría sido ent

Por último se pasó un cuarto intermedio hasta el próximo 5 de marzo cuando se reiniciarán las audiencias de debate del Juicio Circuito Camps.

Próximas Audiencias CIRCUITO CAMPS


En las próximas audiencias del juiciocircuito campscontaremos con varios testimonios de sobrevivientes y familiares de desaparecidos que se corresponden a los meses de noviembre y diciembre del año 1976.

El dia Lunes 16 comienza el debate con Perla Diez, quien fué cuñada de Marlene Kleger Krug, militante política y estudiante de obstetricia, secuestrada meses antes en esta ciudad. Marlene fue vista por muchos sobrevivientes, quienes recuerdan su fortaleza y solidaridad.

Luego declararan Clara Teresa, Mercedes y Maria Cecilia Bachini, familiares de Hector Federico Bachini, ex seminarista y profesor de musica, quien, con 30 años, fue secuestrado el 25 de noviembre de 1976 en La Plata y privado ilegítimamente de su libertad en la Comisaria Quinta y posteriormente, asesinado.

También han sido citados por el Tribunal para declarar Alicia Minni y Roberto Manuel Ciafardo, médico de la policía de la Provincia de Buenos Aires, que se desempeño en la morgue policial durante el ultimo genocidio.

El martes, a partir de las 9.00 horas, tendremos el testimonio Elena Rodas, hija de Norberto Rodas Valenzuela, trabajador que participaba en una Unidad Básica de Los Hornos junto a Jorge Julio Lopez y hoy se encuentra desaparecido.

Luego, continuará Marta Susana Abachian, hermana de Juan Carlos Abachian, abogado y militante politice, quien fue secuestrado al salir de su trabajo en esta ciudad el 7 de diciembre de 1976. Juan Carlos fue visto por Carlos De Francesco en la Comisaria Quinta, encontrándose desaparecido.

Además, declarará Carlos Girard, quien fue novio de Cecilia Luján Idiart, secuestrada con 22 años de edad en diciembre de 1976 y llevada a Brigada de Investigaciones La Plata y asesinada.

Por último, Cesar Marcos Mora, familiar de Juan Carlos Mora y Silvia Amanda Gonzalez de Mora, estudiantes de medicina y enfermería, secuestrados el 1 de diciembre de 1976 en La Plata. Fueron vistos en Comisaria Quinta y en el CCD Arana por última vez. Silvia estaba embarazada de 4 meses al momento de su secuestro, hoy continua la búsqueda de su hijo.

Las audiencias se llevan a cabo en el TOF 1 ubicado en calle 4 Nº 974, entre 51 y 53, edificio Ex Amia.

Juicio a todos los genocidas

Condena por todos los compañeros